Mostrando entradas con la etiqueta discurso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta discurso. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de julio de 2010

Expresión oral y publicidad



Por si queréis saber más sobre el autor de los discursos de Obama. Un artículo sobre Jon Favreau.

Os aconsejo revisar la página de wikipedia dedicada a la retórica... Contiene los once principios de Goebbels para la propaganda nazi.

Sobre la importancia de saber hablar bien. Grandes oradores. Churchill

Hablar como Obama


GUIÓN DE RECURSOS DE EXPRESIÓN ORAL EXTRAÍDOS DEL LIBRO DE
Shel LEANNE (2009) Hablar como Obama
CARACTERÍSTICAS GENERALES
· Uso eficaz de la voz y el lenguaje corporal
· Establecer un terreno común
· Hablar de lo que interesa a la audiencia: ganarse los corazones y las mentes de la gente.
· Transmitir la visión a través de la personalización y de palabras que tengan eco
· Aclarar y subrayar el mensaje
· Excelentes técnicas de persuasión
· Aumentar gradualmente la intensidad y dejar una intensa última impresión
· OBTENER CREDIBILIDAD Y CONFIANZA
· Carisma
· Crear una profunda primera impresión. Imagen y lenguaje corporal
· Potenciar la segunda impresión. Voz y entonación
· Emplear una gestualidad efectiva
· Maximizar los apoyos
· Empezar con fuerza
· Comunicar una ética digna de admiración. Crear una reputación consistente.
· DERRIBAR BARRERAS
· Lograr trascendencia
· Reconocer la realidad ignorada
· Hacer hincapié en sueños y valores comunes
· Atraer la atención hacia la historia compartida
· Potenciar las experiencias compartidas
· Emplear palabras que tengan eco en la audiencia: el léxico histórico, el político, la Biblia
· Aprovechar las palabras de otras personas
· GANAR CORAZONES Y MENTES
· Conocer a la audiencia
· Saber cuándo no hay que enumerar
· Personalizar el mensaje: “yo” y experiencia
· Conectar cara a cara: “vosotros” y “yo”
· Personalizar el mensaje: la conexión “nosotros”
· COMUNICAR UNA VISIÓN
· Ofrecer referencias históricas y conocidas
· Utilizar palabras descriptivas como ayudas visuales
· Servirse de simbolismos
· Potenciar las conclusiones obvias
· Personificar las ideas y conferirles aspecto físico
· Proporcionar los detalles que sean necesarios
· Crear imágenes dinámicas
· Potenciar un bucle retrospectivo
· Ilustrar con anécdotas
· ACLARAR Y SUBRAYAR EL MENSAJE
· Priorizar y concentrarse en temas
· Utilizar preguntas retóricas
· Emplear repeticiones eficaces
· Sacar partido del ritmo y del tono
· Comunicar con eslóganes y estribillos
· PERSUADIR
· Provocar el asentimiento
· Exponer las ideas por orden
· Dirigir preguntas no retóricas
· Tratar las objeciones
· Utilizar la yuxtaposición y la antítesis. Comparar y contrastar
· AFRONTAR Y SUPERAR LA POLÉMICA
· Saber cuáles son los objetivos: rechazar y denunciar
· Reformular el tono: humildad y un comienzo cortés.
· Reajustar la imagen: aprovechar los apoyos
· Reformular el diálogo: elección del lenguaje.
· Abordar el error cara a cara: aceptar la responsabilidad
· MOTIVAR A LOS DEMÁS PARA QUE ACTÚEN Y DEJAR UNA PROFUNDA úLTIMA IMPRESIóN
· Mover a los demás a conseguir grandes logros
· Crear una sensación de ímpetu y urgencia
· Aumentar gradualmente la intensidad
· Repetir estribillos y eslóganes
· Dirigir a la audiencia a realizar pequeñas acciones inmediatas que puedan ser útiles
· Unirlo todo para finalizar con gran intensidad

Botella al mar


Botella al mar para el dios de las palabras

A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, ademas, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras.
Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.
No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber como se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aun no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: ``Parece un faro''. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazo un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejo escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?

Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa.

En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. Y que de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años. [ Declaraciones de García Márquez para La Jornada, México, 8 de abril de 1997]