lunes, 26 de julio de 2010

VOLVEMOS A INTENTARLO CON MOTIVO DEL ANIVERSARIO DE LA CAÍDA DEL MURO



Vamos a ver a continuación dos textos históricos. Un fragmento del discurso del presidente Kennedy al visitar Berlín durante la construcción del Muro y un testimonio de un ciudadano berlinés que vivió el acontecimiento de su caída (hoy hace 20 años) en primera persona.
Ahí van los textos:

DOCUMENTO 1: El muro de Berlín.
(...) Hay mucha gente en el mundo que realmente no comprende o dice que no lo comprende cuál es la gran diferencia entre el mundo libre y el mundo comunista. Decidles que vengan a Berlín.
Hay algunos que dicen que el comunismo es el movimiento del futuro. Decidles que vengan a Berlín.
Hay algunos que dicen en Europa y en otras partes “nosotros podemos trabajar con los comunistas”. Decidles que vengan a Berlín.
Y hay algunos pocos que dicen que es verdad que el comunismo es un sistema diabólico pero que permite un progreso económico. Decidles que vengan a Berlín.
... nosotros no tenemos que poner un muro para mantener a nuestro pueblo, para prevenir que ellos nos dejen… ... Mientras el muro es la más obvia y viva demostración del fracaso del sistema comunista, todo el mundo puede ver que no tenemos ninguna satisfacción en ello, para nosotros, como ha dicho el Alcalde, es una ofensa no solo contra la historia, sino también una ofensa contra la humanidad, separando familias, dividiendo maridos y esposas y hermanos y hermanas y dividiendo a la gente que quiere vivir unida.
¿Cuál es la verdad de esta ciudad de Alemania? La paz real en Europa nunca puede estar asegurada mientras a un alemán de cada cuatro se le niega el elemental derecho de ser un hombre libre, y que pueda elegir un camino libre.
Discurso de John Kennedy, Berlín, 11 de junio de 1963

DOCUMENTO 2: La unificación Alemana narrada por un berlinés:
Sigue habiendo una fila en Chekpoint Charlie. Los extranjeros pueden pasar por otra salida aparte, no hace falta que esperen. Siguen allí los mismos guardias de esta mañana con los rostros descoloridos, extenuados, tensos... Debo salir con cara de berlinés del Este porque una mujer joven me ofrece chicles y un chico me extiende un panfleto sobre "Unidad, Justicia y Libertad", y que el muro ha de caer (...). Ahora también a mí me aclaman. Con eso de que vuelvo a casa.
En la estación del metro de la Koschtrasse miles de personas aguardan la llegada de un tren, hacia el oeste. Cuando por fin llega aquello parece una feria. Los coches ya no pueden pasar, la ciudad se ha arrojado en brazos del frenesí, la gente se ha convertido en un único torbellino, un monstruo de mil cabezas que se contorsiona penosamente por la ciudad, que ya no sabe si se mueve o la mueven, y el remolino me absorbe, me convierto también en multitud, una imagen del noticiario, nadie. Nunca nadie sabrá con certeza qué es la historia, pero durante estas últimas semanas la gente de aquí ha pasado una página de esa historia y no sólo las gentes importantes habrán de ver cómo se escriben las páginas siguientes, y quién figura en ellas.
Todavía hay rusos en la República Democrática Alemana, como todavía hay americanos en la República Federal Alemana. Todavía hay dos países, y todavía está el Muro, aunque tenga agujeros. Pero los de ese Otro País caminan por estas calles por primera vez en treinta años, y si miro por la ventana puedo verles.
(Testimonio tomado el 18 de noviembre de 1989, de La desaparición del muro. Crónicas alemanas, 1991).

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